Selva Casal

Ya las palabras duermen olvidadas

abriendo un ojo inmenso

dulce petrificado

La poesía de Selva Casal se erige, ante todo, como la palabra-exorcismo del exilio interior; un testimonio vivo que, sin abandonar el territorio hostil, resistió al silenciamiento refugiándose en la memoria viva, tal como aseveró Alfredo Fressia, «Selva escribe como respira, y esto no solo por su lealtad admirable fidelidad a la poesía, sino por el ritmo de sus versos, que se agitan o se serenan, que parecen enunciar cada uno con autonomía, con frecuentes verbos independientes, como evitando el encabalgamiento». Es decir, una poeta gobernada por una lealtad aguerrida a la creación, alimentada por una potente fantasía. Su obra encarna de este modo la célebre sentencia de Albert Camus en La peste: «Cada vez que un hombre en el mundo es encadenado, nosotros estamos encadenados a él. La libertad debe ser para todos o para nadie». En un contexto donde la opresión militar pretendía atomizar el tejido civil, esta resistencia desde el interior operó como el lazo vinculante de una comunidad herida.

Juan Pablo Roa

Ofrecemos a continuación una selección de poemas de su libro No vivimos en vano (1975) de Selva Casal, incluido en la antología Ya las palabras duermen olvidadas (Animal Sospechoso, 2026).

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[Amor escucha las sirenas]

Amor escucha las sirenas

cómo gritan y entran por las puertas y casas

cómo llaman

dicen que estamos solos arrojados al aire

destruidos.

Vivir es peligroso.

Escucha cómo llaman

cómo gritan y aúllan las sirenas.

[Estoy sola en la noche]

Estoy sola en la noche

despierto a este conjuro

seguro y obstinado como la muerte

que persiste que golpea

nos hace padecer sonreír

un día cuando estés muerto

olvidado de todo

este amor

una hermosa noche de verano

irá a resucitarte

y resucitarán las hojas todas

y tú estarás como te dé la gana

tomando un vaso y otro

y una noche y otra

un día cuando estés lejos

mirando el mar que estaba allí

los reyes y los presidentes que desfilan

escuchando los gritos de los ahogados

de los recién nacidos

y todo lo terrible que hay en los rincones

cuando caen los zapatos

y te golpeo y te golpeo

cuando resuene en tu memoria el mundo

lanzando alaridos como una bestia herida

este amor sin nadie solo

sin hacer nada

sin decir nada

aunque nosotros nos miremos sin reconocernos

estará allí donde estuviste

donde estés

irá a buscarte

[Vivir morir así]

Vivir morir así

profunda piedra

de sol de abrazos fieros

la luz rotunda

donde flotan los cuerpos

donde te hablo muerta

hay un caballo lejos

que espera en el silencio

sentirse en tanta muerte

saberse en tanta herida

sobre los pies pensando

me golpean me duelen

amor mío entonces descubro que eres tú

el mismo de la calle

que amanece

como la noche alada

siempre frente a mi puerta

porque nací en secreto

porque vivo en secreto

puedo volver al mar

ver a mi madre muerta

mirándome

abriendo un ojo inmenso

dulce petrificado.

El otoño adelanta

El otoño adelanta la desnudez del árbol

y la pobreza anuncia los huesos liberados

el origen violento

el descarnado soplo

te acostumbra

te viste de penumbras

de tazas derrumbadas

con las manos alcanza

zapatos para los pies remotos

somos pobres amor

somos la tierra profunda y desolada

abrazamos la noche

yo quiero esta pobreza

no ser no poseer nada

con ojos y con bocas macilentas y agrias

andar y ser el mundo

la cuchara.

Aquel golpe rotundo

Aquel golpe rotundo que sentiste

y que te despertó

2 de la madrugada

era yo

era mi corazón cavando un hoyo

rojo y desnudo como el sol.

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SELVA CASAL (Montevideo, 1927 - 2020) fue una de las voces más singulares y magnéticas de la poesía latinoamericana contemporánea. Abogada de profesión y docente de derecho penal, su verdadera militancia habitó siempre en las llanuras indómitas del lenguaje.

Hija del escritor Julio J. Casal –fundador de la mítica revista Alfar (puente legendario de vanguardia que unió las letras y las artes plásticas de ambas orillas del Atlántico, publicando «jóvenes» autores y artistas, hoy emblemáticos, como Borges, Lorca, Vallejo y Dalí)–, creció en un ecosistema donde la vanguardia era el aire cotidiano. Su escritura, atravesada por la vivencia de la dictadura militar que la destituyó de sus cargos docentes, es un testimonio ineludible de la condición humana frente a la intemperie. Con una sensibilidad alucinada y una mirada desarmada, Casal convirtió las pérdidas en una estrella guía.

Su obra dialoga en secreto con creadoras de su estirpe como Idea Vilariño, Olga Orozco o Marosa Di Giorgio. Distinguida con el premio Bartolomé Hidalgo a su trayectoria, Selva Casal habitó la poesía como la última trinchera contra el olvido. Esta edición rinde justicia a una druidesa de las letras cuya presencia, irremediable y necesaria, vuelve hoy para recordarnos que el temblor no ha cesado.

Publicado el 24/09/2026